Sobre las opciones y responsabilidades de China

Blog del AR/VP – La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania exige que todo el mundo se posicione. En la Cumbre UE-China de la semana pasada debatimos lo que está en juego y nuestras expectativas de que China forme parte de la solución. Las diferencias entre la manera en que nosotros vemos este conflicto y la manera en que lo ve el resto del mundo son reales, por lo que las expectativas deben ser modestas. La diplomacia basada en principios, basada en la unidad y la fuerza de la UE, sigue siendo la mejor manera de configurar las opciones de China.

EU China Summit

«Condenamos la agresión rusa contra Ucrania y apoyamos su soberanía y democracia. No porque "sigamos ciegamente a Estados Unidos", como a veces sugiere China, sino porque esta es verdaderamente nuestra postura. Se trata de un mensaje importante que los dirigentes chinos deben oír.» Josep Borrell

 

Desde hace algunos años, las relaciones entre la UE y China han atravesado un período difícil, con enfrentamientos en materia de derechos humanos (Xinjiang, Hong Kong); el comportamiento regional de China (mar de China Oriental y Meridional, frontera india, estrecho de Taiwán); los problemas persistentes a los que se enfrentan las empresas de la UE para acceder al mercado chino; la escalada de sanciones contra funcionarios y organismos de la UE; la expansión de las actividades de desinformación y el intento manifiesto de coerción económica contra Lituania y el mercado único de la UE en general. Todo ello ha generado una sensación de estancamiento y divergencia.

En la práctica, la actitud de Pekín ha sido de neutralidad prorrusa. China no acepta el comportamiento de Rusia —se abstuvo en las votaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas— pero apoya las justificaciones dadas por Rusia con respecto a la guerra, es decir, la afirmación de que las causas profundas radican en la «mentalidad de la Guerra Fría» y, en particular, en la ampliación de la OTAN.

Y entonces se produjo la brutal invasión de Ucrania por parte de Rusia. Para los europeos se trata de un caso claro de agresión: Rusia ha violado inexcusablemente la soberanía y la integridad territorial de su vecino más pequeño. Se trata de principios supuestamente consagrados en la diplomacia china. Sin embargo, en la práctica, la actitud de Pekín ha sido de neutralidad prorrusa. China no tolera el comportamiento de Rusia —se abstuvo en las votaciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas— pero apoya las justificaciones dadas por Rusia con respecto a la guerra, es decir, la afirmación de que las causas profundas radican en la «mentalidad de la Guerra Fría» y, en particular, en la ampliación de la OTAN. China no utiliza el término «guerra» y prefiere eufemismos tales como «problema», «crisis» o «conflicto». Rechaza el uso de sanciones. Y le gusta repartir las culpas a partes iguales, evitando hablar de la agresión rusa y abogando por que «todas las partes» pongan fin al derramamiento de sangre.

pongan fin al derramamiento de sangre. Rusia y China han dejado claro que, en su opinión, las grandes potencias tienen derecho a contar con una zona de influencia en sus respectivas vecindades».

En sus declaraciones y acciones, Rusia y China han dejado claro que, en su opinión, las grandes potencias tienen derecho a contar con una zona de influencia en sus respectivas vecindades. Nosotros, en cambio, creemos que la Carta de las Naciones Unidas y el Acta Final de Helsinki consagran el derecho de los países a tomar sus propias decisiones soberanas. La declaración conjunta de Rusia y China de 4 de febrero es, en esencia, un manifiesto revisionista, como dije en la Conferencia de Seguridad de Múnich el 20 de febrero de 2022.

Consideramos que la guerra contra Ucrania es un momento de la verdad en el que los países tienen que mostrarse sin tapujos, pero China cree poder evitar las decisiones que puedan volverse en contra suya. Cree que, con la situación actual, saca partido de un Occidente centrado en Ucrania y de una Rusia débil que convierte a China, aún más, en su socio principal para el suministro de petróleo y gas baratos, a medida que Europa reduce sus importaciones de energía procedentes de Rusia.

 

Una cumbre difícil pero necesaria

Este fue el difícil contexto en el que tuvo lugar la reciente Cumbre UE-China. El hecho de que no hubiera una declaración conjunta ni una lista de «resultados concretos» fue un indicio claro de que las cosas habían cambiado.

Condenamos la agresión rusa contra Ucrania y apoyamos la soberanía y la democracia de este país, no porque «sigamos ciegamente a Estados Unidos», como a veces sugiere China, sino porque esta es verdaderamente nuestra postura.

Como dije en el Parlamento Europeo, en términos tácticos, China quería que compartimentáramos: que dejásemos de lado nuestras conocidas diferencias en materia de derechos humanos, Ucrania y otras cuestiones y nos centráramos, en su lugar, en los «aspectos positivos». La UE dejó claro que esto no es viable: en nuestro enfoque del mundo, hay ciertos valores que son universales y fundamentales. Y lo mismo puede decirse de Ucrania. Esto no es una disputa local entre dos países que son igualmente culpables. Y tampoco es una vuelta a la Guerra Fría con dos bloques ideológicos y económicos opuestos. No. Este es un momento decisivo para saber si vivimos en un mundo regido por normas o por la fuerza. La cuestión central es si normalizamos o no el uso ilegal de la fuerza. ¿Es correcto que alguien pueda ordenar, sin más, a su ejército que entre en un Estado vecino y trate de apoderarse de lo que considera suyo? No queremos vivir en un mundo en el que el uso de la fuerza esté tan desregulado como la economía, como explicaba Ghassam Salamé, el intelectual y diplomático libanés, en Le Monde.

Condenamos la agresión rusa contra Ucrania y apoyamos la soberanía y la democracia de este país, no porque «sigamos ciegamente a Estados Unidos», como a veces sugiere China, sino porque esta es verdaderamente nuestra postura. Se trata de un mensaje importante que los dirigentes chinos deben oír.

Los debates de la Cumbre fueron francos, pero también serenos, lo que ilustra, quizá, que ninguna de las partes tenía expectativas exageradas al respecto. La UE pidió a China no solo que apoyara la soberanía ucraniana y la necesidad de un alto el fuego en términos abstractos, sino que utilizara su influencia con Rusia para ayudar a imponerlo y que descartara todo apoyo militar activo a Rusia. La parte china se limitó a expresar su deseo de que se alcanzase la paz y la distensión en declaraciones generales, pero evitó compromisos específicos para lograr un alto el fuego. También es importante que China reafirmase su oposición al uso de armas de destrucción masiva en este conflicto.

En todo ello, existe una gran paradoja. Nuestros vínculos económicos bilaterales nunca han sido más profundos: el comercio entre la UE y China está valorado en 2 000 millones de euros al día, frente a los 300 millones diarios, tan solo, del comercio de China y Rusia, pero nuestras perspectivas políticas están cada vez más alejadas. Esto demuestra, en última instancia, que los factores políticos e ideológicos eclipsan a los económicos.

Perspectivas de futuro

Una de las conclusiones de esta Cumbre debe ser que, por el momento, China no se compromete activamente a poner fin a la guerra de Rusia contra Ucrania. Siendo realistas, a lo máximo que podemos aspirar es a que China no adopte una postura más activa en favor de Rusia. Sin embargo, desde la Cumbre hemos visto pruebas de nuevas atrocidades rusas, también en Bucha, que dificultarán la solución política. China debería participar en cualquier comisión de investigación iniciada por las Naciones Unidas y deberá pronunciarse de un modo u otro. También tenemos que ver si el presidente Xi hablará finalmente con el presidente Zelenski, algo a lo que la UE, como parte en la Cumbre, alentó.

Mientras tanto, como UE, tenemos que seguir haciendo todo lo posible para presionar a Rusia (acabamos de proponer una quinta tanda de sanciones severas), ampliar nuestro apoyo a Ucrania y hacer frente a las consecuencias globales de la guerra, incluido el creciente riesgo de inseguridad alimentaria debido al aumento de los precios de la energía y los productos básicos. Estamos colaborando con los países africanos y asiáticos para dejar claro que este no es un conflicto entre Oriente y Occidente, sino un conflicto que pone en peligro el principio de soberanía nacional e integridad territorial.

El objetivo de la política exterior es configurar las decisiones de los actores internacionales. Esto también se aplica a China. Para la UE, la mejor manera de hacerlo es ser realista y mostrarse firme y unida.

En lo que respecta a las relaciones UE-China, probablemente lo más importante para nosotros sea seguir haciendo los «deberes» y reforzar la resiliencia interna de la UE. En los últimos años, hemos dado pasos significativos en cuanto al lado defensivo del libro mayor (control de las inversiones, caja de herramientas 5G, antisubvenciones, instrumento de contratación pública y adopción prevista del instrumento de lucha contra la coerción). También hemos intensificado nuestra cooperación con socios afines sobre cómo abordar los retos planteados por China, pero también para aprovechar las oportunidades, cuando surjan.

Siempre debemos mantener la puerta abierta a China. La Cumbre fue un importante canal de comunicación para transmitir mensajes al más alto nivel en Pekín. A pesar de todas las dificultades de sobra conocidas, es importante reconocer que tenemos un interés común en gestionar esta relación de manera responsable. Cambio climático, biodiversidad, pero también la creciente amenaza de inseguridad alimentaria en África o crisis regionales como la de Afganistán: cuestiones, todas ellas, en las que debemos intentar cooperar con China.

El objetivo de la política exterior es configurar las decisiones de los actores internacionales. Esto también se aplica a China. Para la UE, la mejor manera de hacerlo es ser realista y mostrarse firme y unida. La diplomacia implica hablar con todos, incluidos aquellos con los que tenemos marcados desacuerdos. Creo que, en su diálogo con China, la UE habló ciertamente la lengua del poder.

 

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"Una ventana al mundo" - Blog del Alto Representante de la UE / Vicepresidente de la Comisión Europea Josep Borrell

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