Seis meses después de los huracanes Eta y Iota
¿Cómo es para las personas que viven en áreas rurales y aisladas pasar por un huracán catastrófico, o peor aún: dos de ellos – a como fue el caso de los huracanes Eta e Iota en noviembre de 2020-?
La verdad es que no hay suficientes palabras para describirlo y sólo las personas que lo vivieron son quienes realmente lo saben. Esto es lo que algunos pobladores me contaron
Primero, escuchas en las noticias que un huracán de gran categoría ha devastado el país vecino. Parece tan lejano, pero en realidad, está mucho más cerca de lo que crees. Nadie recibió ningún mensaje de alerta en su celular porque en las comunidades rurales de Guatemala apenas se tiene señal telefónica. Tendrás que confiar en la radio, si tiene suerte de tener uno.
Entonces, las lluvias comienzan a aumentar y te das cuenta de que algo anda mal. Los poblados de los departamentos de Izabal y Alta Verapaz en Guatemala, como en muchos otros lugares de Nicaragua, Honduras y El Salvador sufren de sequías muy prolongadas y severas, seguidas de temporadas de lluvias muy intensas en las que sientes como si toda el agua de las nubes cayera de una vez. Sin embargo, un huracán es diferente y cuando te das cuenta de que está lloviendo mucho más de lo normal, la ansiedad se apodera de ti y empiezas a preocuparte por tu familia, tu ganado y tus cultivos, la principal fuente de alimentación e ingresos.
European Union, 2020 (Photographer: D.Membreño)
Después de unos días de lluvia incesante, el lodo irrumpe en tu casa: la puerta no resiste más, el suelo se empapa y el agua gotea fuertemente desde el techo frágil. La situación empeora a cada hora con los niveles de agua que se elevan por encima de la cintura y cubren todos los muebles que tienes. Las ráfagas de viento extremadamente fuertes se llevan parte de tu casa. Es entonces cuando comprendes que no tienes otra opción que dejar todo atrás y hacer todo lo posible para proteger a tu familia, sin importar lo exhausto que estés.
¿Qué sucede cuando la gente decide dejar sus hogares y correr por su seguridad?
Normalmente, la gente intenta llegar al lugar más cercano que no esté inundado. En Santa Anita y San Cristóbal Verapaz en Guatemala, por ejemplo, la comunidad subió hasta el cerro donde está el cementerio. La gente me decía que era un poco irónico que un lugar destinado a los muertos les salvara la vida y ser el único lugar de refugio.
European Union, 2020 (Photographer: N.Sampson)
Desde allí, la gente no podía ver sus casas porque el pueblo estaba totalmente cubierto de agua. Pasaron las noches en la capilla abarrotada de gente o en cualquier otro lugar que pudiera proporcionar un poco de refugio en ese cementerio, esperando días e incluso semanas a que las inundaciones retrocedieran. El miedo a estar expuesto al COVID-19 empeora esta situación. No hay refugios de emergencia en estas comunidades, las carreteras están deterioradas y las escuelas están lejos. La gente ya era vulnerable antes de las tormentas: dependen de pequeñas porciones de tierra para vivir y, por lo general, nunca son suficientes o no son los suficientemente buenas para una agricultura rentable. Los escasos ahorros que tienen no les permiten comprar los alimentos que su familia necesita, y mucho menos, construir o alquilar una casa nueva.
A pesar de la ansiedad, cuando las lluvias del huracán Eta cesaron, muchos se sintieron aliviados: habían sobrevivido a la tormenta más catastrófica de los últimos veinte años en Centroamérica. Pero, lamentablemente, no era el final.
‘Lloviendo sobre mojado’?
Mientras la gente soportaba Eta, el huracán Iota se formaba frente a la costa atlántica y lo hacía siguiendo el rastro exacto de destrucción de Eta. Los dos huracanes azotaron Centroamérica con solo quince días de diferencia y cuando llegó el segundo, el suelo ya estaba saturado por las lluvias anteriores y no pasó mucho tiempo para que más poblados terminaran completamente sumergidos. La UE asignó rápidamente 2.85 millones de euros a socios humanitarios en la región para intervenir lo más rápido posible, pero fue más fácil decirlo que hacerlo. Cientos de comunidades quedaron completamente incomunicadas y debido al precario estado de las carreteras y al hecho de que muchas aldeas todavía estaban bajo el agua, llegar a ellas fue un gran desafío.
European Union, 2020 (Photographer: D.Membreño)
Fue una catástrofe, como nunca se había visto en Centroamérica en las últimas dos décadas. Alrededor de 254 personas murieron y 205 siguen desaparecidas. Más de 9 millones de personas se han visto afectadas y alrededor de 1.8 millones de personas, incluidos 720,000 niños, todavía necesitan asistencia humanitaria. La emergencia causada por los huracanes no termina cuando cesa la lluvia, al contrario: las consecuencias a mediano y largo plazo en la economía local, la seguridad alimentaria, las capacidades de salud, la vivienda, el agua y el saneamiento son los aspectos más desafiantes. Muchas escuelas han sido destruidas, lo que representa un riesgo para la educación de los niños de Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador.
En total, la UE asignó más de 10 millones de euros en respuesta humanitaria a Eta y Iota, de los cuales 7.3 millones de euros se destinaron específicamente a proporcionar alimentos a los más vulnerables en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua.
Viajaste a Guatemala durante la emergencia de las tormentas y luego nuevamente seis meses después en mayo de 2021, ¿qué tipo de situación encontraste?
Muchas de las comunidades afectadas aún parecen zonas de posguerra. Algunas personas han regresado, pero la vida no ha vuelto a la normalidad; todo ha cambiado. El agua ha seguido su curso natural y ha retrocedido, pero muchas casas han desparecido o están seriamente dañadas.
European Union, 2021 (Photographer: S.Billy)
El apoyo financiero de la UE ha sido muy importante, ha ayudado a las personas en la fase de recuperación temprana y ha cubierto sus necesidades básicas; lograron facilitar el acceso a agua potable, alimentos y artículos no alimentarios, pero no hay duda de que las necesidades siguen siendo enormes. No se trataba sólo del daño material: Eta y Iota han generado un trauma colectivo. Las personas lo han perdido todo y no les queda nada para empezar de nuevo, situación que aumenta la ansiedad, el pánico y conduce a episodios de depresión severa que se suma a la ya dura situación del coronavirus. La respuesta financiada por la UE incluyó también un amplio apoyo psicológico profesional a todas las comunidades afectadas.
European Union, 2020 (Photographer: D.Membreño)
El dinero en efectivo entregado a través de nuestros socios humanitarios ha ayudado a más de 8,300 familias en Guatemala a comprar alimentos y medicinas, pero queda un largo camino por recorrer. Seis meses después de que los huracanes Eta e Iota devastaran muchas aldeas, se avecina el pico de la nueva temporada de huracanes y ya ha comenzado a llover.
Miles de personas siguen sin hogar, traumatizadas, exhaustas y desesperadas; muchos fueron desplazados por las tormentas y son refugiados climáticos en su propio país. Sin embargo, muchas personas valoran las redes de apoyo y la fuerza de la solidaridad de su propia comunidad ya que fueron los primeros en apoyarse entre sí. Muchos salieron de esta situación más fuertes y más resilientes.
Sin duda, están agotados, pero saben que no están solos.