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Barcelona, capital del Mediterráneo

06.12.2021
Brussels

El Periodico - Europa no puede permitir que muchos sigan arriesgando sus vidas para llegar al continente. Pero también debemos desterrar la visión de que el 'otro' Mediterráneo es solamente una fuente de conflicto y entender que Europa necesita migrantes, si quiere mantener su nivel de vida

En 1995 se puso en marcha el proceso de Barcelona que dio lugar, en 2008, a la fundación de la Unión por el Mediterráneo, cuyos miembros son 15 Estados de África, Asia y Europa que lo bordean y todos los países de la Unión Europea y cuya sede está en la capital catalana.

En el Mediterráneo conviven dos mundos separados por dinámicas demográficas opuestas y una gran diferencia de nivel de vida. Desde 1990, los países de la orilla sur han visto crecer su población en un 72% y la UE solo el 6,5%. En los primeros, los menores de 14 años son hoy el 31% de la población mientras que en la UE son solamente el 15%. Y la renta per cápita de la UE es 6 veces superior. Estas divergencias y la falta de oportunidades explican por qué muchas personas, en buena parte jóvenes con formación, intentan cruzar el mar buscando no solamente una vida más próspera sino también un entorno de estabilidad política y de respeto a las libertades fundamentales. El Papa Francisco ha señalado con severidad que el Mediterráneo se está convirtiendo en un gran cementerio. Por razones puramente humanitarias, Europa no puede permitir que muchos sigan arriesgando sus vidas. Pero también debemos desterrar la visión de que el 'otro' Mediterráneo es solamente una fuente de conflicto y entender que Europa necesita migrantes, si quiere mantener su nivel de vida. Es sin duda de beneficio mutuo encontrar soluciones estructurales y duraderas que contribuyan a la convergencia de todas las orillas mediterráneas.

El 29 de noviembre, se reunieron en Barcelona un número récord de ministros de Asuntos Exteriores para afrontar estas cuestiones. Se celebró el Foro Regional de la Unión por el Mediterráneo y la reunión ministerial de la Unión Europea con la Vecindad Sur, que co-presidí. Debatimos sobre lo que podemos conseguir aplicando la Agenda para el Mediterráneo para impulsar un desarrollo económico verde e inclusivo. La UE puso en marcha el año pasado un nuevo plan económico y de inversiones para la Vecindad Sur, con un presupuesto de hasta 7.000 millones de euros para el período 2021-2027, con los que pretende generar una inversión pública y privada de 30.000 millones de euros.

Un tema que tratamos y que es prueba de la enormes oportunidades que existen es la lucha compartida contra el cambio climático. Por un lado, la UE tiene un ambicioso plan para descarbonizar su economía, el 'Green Deal', y por ello deberá comprar grandes cantidades de electricidad verde en el futuro. Y, por otro, los países del sur disponen de abundantes recursos de sol y viento para construir un sistema energético totalmente nuevo que la proporcione. Si no actuamos con urgencia aumentarán las graves disrupciones de infraestructuras que ya están afectando a la seguridad alimentaria y a la estabilidad regional. El Mediterráneo se está calentando un 20% más rápido que el resto del mundo. La COP 27, que celebraremos en Egipto el año que viene, será una gran ocasión para profundizar en la estrategia climática mediterránea.

La reunión también puso de manifiesto la actual dinámica geopolítica, ya que muchos ministros de los países africanos eligieron acudir al foro de cooperación entre China y África, que se celebró durante los mismos días. En la UE debemos tener en cuenta que otros actores también realizan su propio cálculo de beneficios mutuos y decidir con qué determinación queremos actuar. En África hay muchos activos inmateriales en juego.

Este año, 'Mediterráneo', de Joan Manuel Serrat, ha cumplido 50 años. Fue una canción mítica para mí y para muchos de mi generación, que recoge toda una manera de entender la vida de Algeciras a Estambul. Pero años después, compuso 'Plany al mar' ('Lamento al mar') en la que describía su deterioro. La primera retrata lo que podemos y debemos lograr si actuamos juntos. La segunda nos presenta crudamente qué tendremos si hacemos como que actuamos. Los líderes políticos tenemos una gran responsabilidad para asegurar que las iniciativas que estamos poniendo en marcha resultan verdaderamente efectivas y para rectificar rápidamente si no son suficientes. Pero la responsabilidad última está en los ciudadanos, para elegir a otros en nuestro lugar si no estamos a la altura.


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